Hoy, al regresar de mi paseo diario por el río con mis perros, he visto la luna creciente en el cielo. Me ha sorprendido verla así, lo cual me ha vuelto a sorprender porque sé y tengo presente que este miércoles es el cuarto creciente de la luna fría o del bienestar.
Aunque los nombres dados a esta luna puedan parecer contradictorios, en realidad no lo son. Su relación guarda dentro de sí un misterio que quien lo resuelve, como pasa con los misterios verdaderos, puede sentir la grandeza de la vida.
Aquí os dejo una pista: la contradicción se desvanece cuando una descubre el pasaje que lleva de un aspecto de la luna al otro. Esto será distinto para cada una. Para mí algo fundamental es el calor, pero no un calor cualquiera, sino el que proviene de lo más profundo. Conseguir mantener la llama interna con fuerza suficiente para poder pasar estos meses de frío es una de las tareas que me presenta esta luna.
La rueda lunar nos recuerda que enero es un mes para seguir prestando atención hacia dentro. Esto no significa tanto que no sea un momento idóneo para hacer cosas, sino que nos recuerda la importancia en todo ciclo de creación y recreación de la fase introspectiva, la fase de atender a lo que sentimos y a lo que realmente queremos darle forma en nuestra vida.
Esto que parece sencillo, muchas lo hemos sentido realmente difícil durante mucho tiempo. Aunque me sigue pareciendo difícil, al menos ya sé que no es tan complejo.
Es difícil porque hemos aprendido a no valorar lo que sentimos y, de ahí, a dejar de prestarle atención.
Lo es porque cuando una se pregunta qué es lo que realmente quiere en la vida, a veces no sabemos qué decir.
Otras veces sí sabemos qué decir y lo decimos tan rápido que casi ni nos ha dado tiempo a sentirlo. Por eso nos metemos en berenjenales.
Hace años me vi metida de lleno en un buen entramado. Después de varios años con trabajo del llamado precario, decidí prepararme oposiciones de educación. Nunca había tenido claro lo de ser profesora de secundaria. Aún así, decidí hacerlo muy motivada por seguir dando clases, que era lo que me gustaba, y tener un trabajo con cierta estabilidad tanto de horario como de salario.
Estuve meses preparándome para las oposiciones. Al terminar el último examen, justo al salir por la puerta del centro, me puse a llorar sin saber por qué. Estaba totalmente aturdida, tanto que no sabía adónde ir. Me quedé en la puerta llorando. La gente que salía de los exámenes se paraba para consolarme y decirme que seguramente no me había salido tan mal. Yo les daba las gracias mientras me daba cuenta de que no era ese el motivo de mi llanto. Lloraba porque me había salido bien y porque, con mucha probabilidad, aprobaría. Estaba totalmente desconcertada pues me estaba dando cuenta de que eso no era lo que quería hacer en mi vida. Con el tiempo descubrí que en esa época, mientras estudiaba, mi llama interna se fue apagando tan paulatinamente que no me di cuenta.
Os cuento esta historia porque me sirve para recordar la importancia de estar atentas a lo que realmente nos despierta por dentro, lo que hace que la llama interna siga viva y podamos mantenernos con vida en el frío más intenso.
Entramos más profundamente en todo esto que os cuento semana a semana en la Espiral de la Luna, para que aprendas a mirarte por dentro y poder así reconocerte en todo lo que eres.
Sigue por aquí para ir a la siguiente luna de la Rueda, la de la fortaleza…