Dentro de la Rueda lunar, enero es un mes en el que suelen registrarse las temperaturas más bajas del todo el año. Son también muy comunes las heladas y las nevadas más grandes. Gripes, constipados y virus varios se mueven a sus anchas de casa en casa buscando un lugar donde anidar para pasar el invierno.
Las horas de oscuridad siguen siendo más que las horas de luz cada día. Por ello, el ritmo de la naturaleza sigue siendo lento. El frío nos lleva a poner intención en mantener y cuidar el calor interno y la propia energía pero, pese a esto, la sociedad de producción y consumo nos pide que actuemos como si nada estuviera ocurriendo. Con este perfil, el hecho de que la luna de este mes sea conocida como la “luna del bienestar” puede parecer paradójico.
Al mirar a la naturaleza esta luna nos refleja la necesidad de cuidar de la vida ante el peligro del frío. Más allá del deseo, de las ganas que tengamos de hibernar y de la posibilidades, es un buen momento—por eso del frío y de que hay más horas de oscuridad—para llevar la atención hacia dentro y escuchar con sinceridad y honestidad los deseos que nos hacen sentir cosquillas internas. Podemos decir que esos deseos son el fuego que nos ayudarán a mantenerte con vida atravesando el frío de este mes y del siguiente.
La luna de enero me habla de procurarnos el bienestar haciendo las cosas que sabemos que nos sientan bien al cuerpo y nos alimentan el alma, manteniendo así el calor interno que nos ayuda a pasar estos días de frío. No es casualidad que, a principios de año, hagamos una lista de propósitos de año nuevo.
Muchas veces sabemos que estas listas se quedarán ahí. Otras veces logramos llevarlas las llevamos a cabo. El que consigamos materializarlas depende de muchos y variados aspectos. Cuando esos propósitos salen de las entrañas, el simple hecho de pensar en ellos ya activan internamente, hacen que la sangre se ponga en circulación y esto, cuando el frío apremia, es fundamental para mantener la vida.
Si seguimos la rueda, para entender el bienestar de este mes hay que mirar a la luna anterior: la luna sabia, la de diciembre, aquella que nos regresaba al espacio interior, a nuestras entrañas para poder encontrar ahí la luz, el deseo que nos llena de ánimo para seguir adelante.
Tal y como sucede cuando estamos en el útero materno, el bienestar del que habla la luna de enero es interno. Nada tiene que ver con las consecuciones externas, con tener esto o con hacer aquello. Habla de tener lo básico y fundamental para que la vida continúe su curso alimentada por el deseo que nos mantiene con el calor suficiente. De ahí que la mirada, en esta luna, esté dirigida a nuestro interior.
En la naturaleza podemos observar que mucho parece “muerto” pues toda la energía está concentrada en el interior y en mantener la vida latiendo para, cuando llegue el momento, hacer que florezca.
Si bien la mirada la tenemos dirigida al interior desde la luna de noviembre, esta luna me recuerda la importancia de delimitar con claridad mi espacio, lo que simbólicamente puede ser mi cuarto propio. Cuando hablo del cuarto propio, lo hago teniendo en mente a Virginia Woolf.
En 1929 fue publicado por primera vez el ensayo de Virginia Woolf tcon este mismo título, Un cuarto propio. Aunque el ensayo estaba dedicado a las mujeres y la literatura, la tesis principal que defiende se ha hecho extensiva hacia múltiples campos.
Afirma la autora que las mujeres, para poder dedicarse a la escritura, necesitan “un cuarto propio y 500 libras al mes”, una cantidad de dinero que cubría las necesidades básicas de la época en Inglaterra. Afirma esto después de hacer evidente las tendencias educativas que llevaban a las mujeres a la obligación de dedicarse a otras personas y sus necesidades, frente a la educación de los hombres dirigida a hacer su propia vida tomando sus propios deseos como faro.
Hoy en día el “cuarto propio” ha tomado diferentes y variadas formas, desde la habitación tal cual, con cuatro paredes y una puerta con cerradura, hasta una parcela de tiempo en la que nos damos la oportunidad de estar para nosotras sin interrupciones. Habrá mujeres que lo necesiten para llevar a cabo su deseo laboral, otras, el deseo de su alma, y otras para simplemente estar con ellas mismas, que probablemente responda también a una necesidad de las entrañas.
Este es el bienestar que me recuerda esta luna: un espacio, un tiempo en el que poder dedicarme a la mirada y la escucha interior para recuperar las parcelas de la realidad que son necesarias para mantener encendida mi llama interna en estos momentos de frío; un lugar donde poder ir descubriéndome, recogiendo las partes de mí que me he ido dejando por el camino y soltando aquellas que ya no necesito.
Una vez encontrado ese espacio de bienestar, la luna nos recuerda que es momento de desarrollar nuestra fortaleza.
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Ola Nordmann
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