Luna de fría o del bienestar III

Queridas mujeres,

Aquí tenéis el enlace para descargar la carta de la tercera entrega de la luna del bienestar en pdf.

Aquí tenéis la versión en audio.

Aquí tenéis los dos textos extra de esta luna: el cuento de Vasalisa y los fragmentos del libro de Marianna García Legar sobre la festividad de la Candelaria.

En los comentarios de aquí abajo podéis empezar a compartir sentires en relación a lo expuesto en la entrega de esta semana. En el encuentro online, podremos retomar estas cuestiones.

Un cariñoso abrazo y ¡feliz semana!

Vanessa

7 comentarios de “Luna de fría o del bienestar III

  1. vaNesa dice:

    Queridas todas, quiero inaugurar los comentarios de esta luna fría III para animaros a usar este espacio. Está siendo verdaderamente rico poder acompañarnos semanalmente por aquí, cada cual a su ritmo.

    Gracias a las que lo estáis haciendo y a las que leéis, con el deseo de que en algún momento lleguen también vuestras palabras.

    Un fuerte abrazo.
    VaNesa

  2. Julia dice:

    Buenas tardes a todas. Deciros que me hace muy feliz sentirme acompañada por vosotras, aviva mi calorcito interno…jejeje
    Al leerte estos días Vanesa, miro hacia atrás y me quedo helada (esta vez no por dentro) de lo alejada que he estado de mi misma la mayor parte de mi vida. También tomo consciencia de la magnitud que tiene que tantas y tantas mujeres, lo que hacemos o hemos hecho, en el que debería ser nuestro hogar, es sobrevivir. Sobrevivir en un lugar tan inhóspito para nosotras que ya ni sabemos quienes somos ni podemos conectar con ello, sin otra que nos lo recuerde, como puede suceder cuando ni nuestra madre, como es mi caso, pudo mostrárnoslo. También veo la fuerza oculta tan poderosa que hay detrás de todo esto, en nosotras, las mujeres.
    Por otra parte, a mi lo que me hiela por dentro es la violencia en todas sus manifestaciones. Creo que en esta sociedad hay tanta violencia, tan fuerte y en tantos ámbitos que no nos damos cuenta de que todo lo que no sea cuidar de la vida, es violencia. En mi caso, en situaciones de frialdad, de huida o rechazo ante la vulnerabilidad, de ridiculización de los deseos y los sentires, de falta de intimidad verdadera en las relaciones, me congelo por dentro. y al leerte estos días, Vanesa, veo que en realidad lo que produce la congelación es la desconexión con lo que siento en esas situaciones. También creo que esto se produce automáticamente y como mecanismo de defensa, para no sufrir. De manera que cuando quiero darme cuenta ya estoy en «el agujero negro» y ni se como llegué, ni cuando y sobre todo, lo que en esos momentos más me angustia, como volver.
    Por esto quizá, al preguntarme como es ese frío en mi, una de las palabras fue, desconcierto, también, desolación, desesperanza, miedo e incluso maldición. Pensando en todo esto, me propongo tratar de estar presente en mi sentir, en contextos que ya más o menos sé, que puedo entrar en «peligro de muerte», a ver que pasa…
    También me reconozco en cada una de las manifestaciones que nombras, Vanesa, fruto de ese frío interno, apostar por valores que no son míos, sentimiento de soledad, necesidad de control ( cuando lo que hago es perderlo al alejarme de mi), algunas parecen ya formar parte del pasado, otras continúan presentes.
    Bueno, pero……también reconozco en mí a Baubo y la invito y la invoco para vivir desde las carcajadas de mis entrañas!

    En fin, todo esto mujeres. Os abrazo.

    • vaNesa dice:

      Para mí está siendo muy importante mantenerme conectada a lo que siento en los espacios que sé que son seguros. De practicarlos ahí el corte se va reparando y llega un momento en el que ya una no puede no saber lo que se siente.

  3. Sandra dice:

    Hola, VaNesa
    Hola, bellas

    Una analogía se me está haciendo presente y acompañada de una vela prendida dejo que se vaya desarrollando en forma de relato.

    Tras el hilo en esta carta sobre “la importancia de mantener -la llama- en el punto justo para que no suba la temperatura demasiado y evitar que las futuras semillas terminen quemándose” y, poniéndole atención al fuego en mi vida, me observo quemándome al ingerir comida y/ó bebidas demasiado calientes.

    No es tanto por hambre, que no negaré que alguna vez también. Siento que el impulso primordial es porque no quiero que se enfríe, que se me pase el punto en el que es agradable tomarlo para consumirlo en su degustación óptima. Prefiero quemarme que tomar algo frío. Si está frío lo tomo a disgusto -mi cuerpo lo dice claramente-, y para eso, prefiero no tomarlo.

    En mi familia, por parte de mi madre, meigas gallegas, todo lo toman ardiendo. Sin exagerar: la leche hirviendo. Muchos hombres que se han cruzado en mi camino me avisaban de ello: “no sé cómo no te quemas”, oía decir. He observado que a muchos de ellos no les importa comer fría la comida que se sirve caliente. Está claro que hay excepciones; una de ellas es mi padre. Aunque él nunca lo toma hirviendo, él aprecia y respeta el tiempo de la comida a la temperatura óptima y le incomoda cuando lo que tiene que servirse caliente está frío.

    Con el tiempo, y siguiendo esos “avisos” he ido aflojando la temperatura de lo que ingiero, tomando las pausas necesarias, observando las señales -el vaho, el humo- y atendiendo a mis otros sentidos para detectar con antelación si quema. El estado “hirviendo” hace mucho que ya no es tolerante para mi. Ese cambio ha hecho desarrollar en mi la sensibilidad a ello, haciendo que note rápidamente cuando vuelvo a “quemarme” con la comida de forma muy natural… Para lo otro -el no tomarlo tan caliente, me refiero- tengo que estar atenta y controlarlo.

    Siento incluso el confort y el placer de sentir ese “fuego” recorriendo ese circuito mientras lo tomo tan caliente. Cuando sucede, dejo que así sea, sin hacer nada para evitarlo… En esos momentos noto que me estoy quemando la lengua y la faringe. Al terminar, además de la lengua y la faringe, siento el esófago y el estómago irritados por la temperatura de lo que ha pasado por allí. No es algo que dure mucho tiempo. Mientras, puedo sentir como se están regenerando los tejidos.

    A todo esto, no tengo ni he tenido problemas de digestión, ni inflamaciones, ni nada por el estilo, pero sí la sensibilidad de notar este paso. En verdad, como señalo antes, muchas veces siento que me tengo que reprimir para “controlarlo”…

    Toda esta meditación me está llevando a visualizar a todas esas meigas que me han precedido. Me lleva hasta 7 generaciones atrás. Cómo, a pesar de poder quemar las semillas estas se van regenerando, y cómo en ese regenerar salen nuevos brotes con nuevas semillas. Me evoca al proceso de digestión en general. Cosas que estoy digiriendo y que mi cuerpo quiere quemar.

    Más allá de eso veo que lo que se me ha ido señalando es hacia la atención de que todo el proceso de digestión empieza en la boca.

    Me viene la imagen de un volcán, donde la roca fundida y los gases de las capas superiores del manto de la tierra escapan a la superficie a través de fisuras en la litosfera.

    Pero en proceso inverso; en lugar de que la erupción expulse lava, cenizas y restos de rocas a la atmósfera, esa “erupción” -o más bien brote-, hacia abajo, hacia la raíz, procesando en el sistema digestivo para ser purificado.

    Creando así un circuito entre los seres que estamos, las que nos preceden y proseguirán, generando en círculo el terreno que ahora nos sostiene. Dando la vuelta al calcetín cuando es oportuno.

    • vaNesa dice:

      ¡Sandra! ¡El proceso digestivo es una muestra magnífica del proceso alquímico de la recreación de la vida! Los alimentos transmutan a lo largo del proceso, se disuelven para poder obtener de ellos la quintaesencia que hace que nuestro cuerpo, la materia, siga adelante. Me ha encantado que lo traigas.

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