Aunque te lo hayas creído, incluso aunque muchas veces sientas que es verdad, te digo que no, que es mentira:
es mentira que estés desconectada de ti misma.
Es mentira porque no es posible, de ninguna de las maneras.
La conexión nunca se pierde, dicen que ni siquiera en la muerte.
Lo que sucede es que se olvida.
Ponemos atención a otras cosas y, al perder de vista esa conexión e incluso dejar de sentirla, pensamos que se ha roto, pero no es así.
Si piensas en alguien querido a quien hace tiempo que no ves puede que se comprenda mejor lo que quiero expresar.
Este otoño hará 10 años desde que falleció mi padre.
Nuestra relación no fue fácil ni sencilla. Lo digo para frenar la tendencia a pensar que lo que os voy a contar es consecuencia de una relación maravillosa.
Nada de eso.
Pueden pasar días, semanas, meses incluso en los que no me acuerdo de él. Aún así, el vínculo y la conexión está siempre, más allá de que yo atienda a ella o no.
De forma similar sucede con las amigas o con las personas queridas que no están cerca y con las que no convivimos.
Cuando era pequeña mi tía, la única hermana de mi padre, me dijo un refrán que jamás he vuelto a escuchar.
Era sábado y yo estaba triste porque llovía y no podía salir a jugar a la calle. Entonces ella me dijo que no me preocupara porque “no había sábado sin sol ni muchachita sin amor”.
En ese momento yo ni venía el sol ni sabía bien a qué hacía referencia con Amor. Más allá de mis dudas, ni el sol ni Amor dejaron de estar.
Lo mismo pasa con tu conexión que, porque no la veas o no la sientas, no deja de estar.
Como el hígado o los riñones: que no los sientas no significa que no estén estén y que no estén haciendo su trabajo.
Si la conexión no se pierde, entonces no hay nada que buscar ni que reparar. Se trata, dicen las abuelas, de recordar.
Si quieres, podemos recordar juntas.
Puede que en el trayecto, te encuentres con cosas inesperadas, con grietas en el camino, obstáculos y puertas cerradas de tantos portazos dados a lo largo de la vida.
Puede que cueste un poco limpiarlo de matas, volver a dejarlo transitable hasta que pasar por él se convierta en algo fácil y placentero.
El propósito es abrir el espacio, hacer hueco para que el recuerdo se vaya instalando en tu día a día.
Si te apetece unirte a algunas de estas propuestas, será un gusto tremendo acompañarte.
Un fuerte abrazo,
Vanessa